El futuro en los próximos 25 años – Parte 2
Rodeados de inteligencia
Estamos entrando en la era de “la inteligencia ambiental”, donde los objetos del quehacer diario contendrán tecnología para transmitir información sobre sí mismos y sobre su entorno, dice Liebhold.
Cuando usted se acerque a una intersección peligrosa, los sensores existentes en su automóvil la detectarán y reducirán la velocidad. Las coordenadas de GPS de lugares que son inseguros para caminar de noche serán transmitidas a dispositivos móviles.
En Japón, GeoVector ofrece servicios basados en la ubicación que permiten a una aplicación llamada Mapions Pointing Application informar qué negocios se encuentran dentro de un edificio al alcance de un teléfono con cámara equipado con GPS. En EE.UU., los teléfonos provistos de esa tecnología estarán disponibles a fin de año.

En las casas, habrá sensores en el piso que detectarán si las habitaciones están vacías y automáticamente bajarán el termostato y apagarán las luces. Agilewaves, una firma fundada por antiguos científicos de la NASA, está trabajando con los constructores para instalar sensores en los interruptores eléctricos, en las tuberías y en las válvulas del gas. Ellos esperan poder ofrecer en un momento dado a los barrios, subdivisiones o municipios un panorama completo de las emisiones de gases perjudiciales para el medio ambiente.
Los hogares futuros tendrán “un tablero de instrumentos que muestre la información en tiempo real”, dice Peter Sharer, CEO de Agilewaves. “Las casas que tengan esta instrumentación tendrán más probabilidades de conectarse con sus vecinos. En 10 o 15 años, comunidades enteras estarán en la red”.
Sin embargo, la función más importante de los sensores en los hogares será supervisar la salud de sus ocupantes. Un sensor aprobado por la FDA que se coloca debajo del colchón se activa cuando los pacientes con problemas del corazón se acuestan. La compañía japonesa Matsushita ha construido una tapa de inodoro que envía cargas eléctricas muy pequeñas por las nalgas de los usuarios para medir la cantidad de grasa corporal.
Nuestras computadoras y nosotros
La computación ambiental se extenderá desde las paredes de la casa a las células del cuerpo. Verichip fabrica un chip de identificación por radio frecuencia (RFID) del tamaño de un guisante que se puede inyectar bajo la piel de los pacientes de diabetes para controlar la glucosa sin sacar muestras de sangre.
Los investigadores de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, están experimentando con métodos para rociar sensores computarizados en el pecho de los pacientes durante operaciones de corazón, de manera que los sensores puedan transmitir información a la computadora del hospital. El proceso pudiera ser comercialmente viable dentro de diez años.
La función de las computadoras corporales evolucionará de vigilar la salud a proporcionar la atención médica y potencialmente a la intensificación de la realidad llevando la Internet directamente al cerebro, si es que las personas pueden superar su aprensión por los implantes cerebrales. “Hay un salto muy pequeño entre implantar un dispositivo [en el laberinto del oído] y uno que permita recibir datos directamente de la Red”, dice Tucker.
Los investigadores siguen adelante sin vacilación. Durante tres meses en 2002, Kevin Warwick, un profesor de cibernética en la Universidad de Reading, en Inglaterra, vivió con electrodos implantados en el brazo. En una prueba, los alambró a una PC conectada a la Internet y luego puso también electrodos temporales en el brazo de su esposa. Warwick describió este experimento en una entrevista realizada en 2006 para ITWales.com: “Cuando ella movió la mano tres veces, sentí tres latidos en mi cerebro y me di cuenta de que mi esposa se estaba comunicando conmigo. Fue la primera comunicación puramente electrónica entre un cerebro y otro en el mundo y, por lo tanto. la base para la transmisión de pensamiento”.

Obstáculos en el camino
Pero antes de alambrar nuestros cuerpos, necesitamos una red mucho más segura que la Internet de hoy y mejor privacidad para los petabytes de datos de los consumidores que un mundo constantemente conectado generará, dice Pradeep Khosla, codirector del grupo de expertos CyLab de la Universidad Carnegie-Mellon dedicado a la seguridad de las computadoras.
Ari Juels, científico principal para la compañía de seguridad de datos RSA, dice que la biometría y el cifrado ayudarán a asegurar el acceso; pero todavía habrá problemas cuando los datos lleguen a las pantallas de los usuarios. Los sistemas secundarios que analizan el contexto también podrán ayudar. “Ellos sabrán que si usted está en San Francisco ahora, alguien en Tailandia no debería estar usando su número de tarjeta de crédito”, explica Juels.
Khosla dice que la mejor manera de superar los obstáculos de privacidad restantes es una combinación de tecnología, educación y legislación fuerte contra “el abuso y el mal uso de la información”. “Creo que todavía no hemos llegado a ese punto”, agrega.
Liebhold opina que el problema de la privacidad tiene que tener prioridad. “No creo que esté escrito que nuestra privacidad se vaya a perder o que estará protegida. Es nuestro destino. Tenemos control sobre el futuro; no somos víctimas de él”.






